Sonó un golpe seco. Mis nudillos estaban abiertos y un cuerpo tirado inmóvil en el centro de la habitación.
No podía respirar estaba demasiado agitada, la adrenalina era demasiada, seguía golpeando el cuerpo inmóvil y desfigurado.
Estaba enojada, siempre tuve que soportar sus indecisiones, su indiferencia; ya no podía más.
¿Por qué no se podía preocupar por mí? Yo daba y daba y él no se daba cuenta de que yo estaba ahí y hacía todo por él. Me cansé.
Lo veía cada mañana y su cara me molestaba, esa cara de me vale madres, no la soportaba. Quería cambiársela, quería saber si todavía en él existía el más mínimo interés; pero no había tal.
“Quiero estar solo “decía. ¿Solo? ¿Pero yo qué? Quien me iba a devolver los años que estuve tras él y que a él no le importaron. Quien me iba a detener ahora que ya nada nos unía, el amor que sentía por él desapareció en el momento en el que pronunció esas palabras.
Cuando acabó de hablar, solo vi como mi mano fue directamente hacia su boca y brotó la sangre y me sentí liberada. Lancé el segundo golpe, el tercero, el cuarto, hasta no se cuantos más. Su cuerpo estaba inmóvil en el suelo, completamente desfigurado. El suelo del lugar con charcos de sangre.
No me culpe, si usted hubiera estado en mi situación lo hubiera hecho. Yo nunca le pude cambiar la cara por más que lo intente. Así que no vi otra situación que cambiarle la cara a golpes a ver si de esta forma despertaba.
Uno no puede vivir así, pero mi conciencia esta tranquila él no era una persona, era un vegetal, yo solo al ver la manos hinchadas, con los nudillos sangrados, parte mi sangre, parte suya, entendí que le había hecho un favor al mundo, al desechar un ser tan estúpido y tan vulgar como él.
Quien iba a pensar que a pesar de todo si le iba a cambiar la cara.
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