Viernes 18 de septiembre. Son las ocho de la noche; en la capilla más grande de la funeraria Gayoso se encuentran sentados frente a un ataúd plateado Abraham padre, Abraham hijo, Alejandra y Erika. Era el funeral de la abuela Cata que a sus cien años de edad decidió, por fin, dejar este mundo para irse al más allá.
Aunque era la capilla más grande de la funeraria sólo se encontraban ahí ellos cuatro, quienes la habían cuidado todos estos años y quienes de forma extraña estaban deseando desde hace tiempo que este día llegara. Se sentía la apatía en el ambiente Abraham padre miraba el reloj con la vaga esperanza de que alguien más apareciera en la capilla. Alejandra y Erika escuchando cada una su respectivo IPOD, mientras Abraham hijo admiraba el ataúd y a su abuela dentro de él.
Recordaba como esta pequeña mujer que estaba pálida, con algodones dentro de las fosas nasales, los había cuidado a todos cuando su madre los abandonó. Le parecía sumamente triste que sus hermanas y su padre estuvieran despreocupados también se daba cuenta de que la única razón por la cual nadie iba era porque ya todos estaban muertos.
Su abuela Cata decidió morir cuando vio que ninguno de ellos la necesitaba más; cuando vio a su hijo ocuparse bien de sus hijos y que éstos acabaran una carrera en la universidad.
La abuela Cata se despertó ese día sabiendo que iba a morir. Se levantó de la cama, la ayudaron a bañarse, desayuno, le leyeron un rato y a la hora de tomar la siesta nunca más despertó.
Cuando Abraham hijo la veía no podía dejar de agradecerle todos los cuidados y los cariños que le hizo durante tantos años; los pasteles de queso que le hacía cada primero de diciembre que era su cumpleaños, todas las veces que lo ayudó con su tarea.
Cerró los ojos y las lágrimas cayeron por sus mejillas. Cuando una de estas lagrimas toco el féretro pudo notar como una sonrisa de oreja a oreja descansaba sobre el semblante de su abuela. En ese momento comprendió todo. Comprendió que su abuelita Catita lo había escuchado y que ya no tenía peligro de que por las noches le fuera a jalar las patas.
Se sintió aliviado, sacó su celular, se despidió de su padre y se fue de la capilla más grande de la funeraria Gayoso. Afuera lo esperaba su novia que con sonrisa satisfecha le pregunto “¿Las pastillitas te sirvieron?” a lo que él le contesto “Son una maravilla dos en el desayuno y como mosca se murió”. El coche se fue rápidamente.
Qué tristeza que hoy viernes 18 de septiembre se sepa la verdad acerca de la muerte de la abuelita Cata, ya que con tristeza podemos notar que ella no decidió cuando morir, sino que decidieron por ella.
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